Seis jornadas de Fashion Week Madrid. La pasarela capaz de combinar lo clásico con lo más puntero sin olvidar la creatividad en la presentación de las últimas creaciones en la industria del diseño. Con paradas previas en Nueva York, Londres, Milán y París, la temporada primavera/verano 2018 de las colecciones prêt-à-porter aterrizaba en Madrid para convertir la capital española en epicentro de la moda internacional. 47 diseñadores y firmas mostraron sus propuestas en la pasarela Mercedes-Benz Fashion Week Madrid que este año celebró su 66 edición con ciertas novedades: la inclusión de nuevos creadores y, por primera vez, cierta descentralización en la puesta en escena. Todos los desfiles del día que abrió la pasarela madrileña, se celebraron fuera de IFEMA, el organismo que organizó y patrocinó este evento hasta el día 19. El afán creativo en su organización traspasó esta vez las fronteras del archiconocido Pabellón 14.1, aunque tomando el recinto ferial como centro de operaciones.

Desde los jardines de Cecilio Rodríguez, en el Retiro, donde la diseñadora María Clé presentó una colección en la que el 80% de las prendas han sido elaboradas con materiales reciclados hasta los cines del Palacio de la Prensa con Chromosome o el hotel Wellington con el magnético Palomo Spain, uno de los desfiles más mediáticos. La cálida y siempre cinematográfica Galería de Cristal del Palacio de Cibeles acogió los shows de Mané Mané, y Roberto Verino. Este último, tomando como referencia su concepto see now buy now, presentó su colección Je t´aime con creaciones para el inminente otoño-invierno 2017-2018, a diferencia del resto de diseñadores, que en esta edición de la Fashion Week Madrid, muestran sus diseños para la próxima temporada primavera-verano 2018.

Chaquetas en tweed estilo Coco, suaves sedas, sobrias gabardinas, napas y pieles teñidas con los tonos de la bandera francesa envolvían esta colección inspirada en París, la Ciudad de la Luz. Vestidos, trajes sastre renovados y faldas asimétricas para ellas. Para ellos, sastres de día con abrigos de doble botonadura en tonos nuevos y esmóquines para la noche en un desfile que, para sorpresa de los presentes, contó con la participación de la modelo Clara Mas embarazada y la veterana Alicia Borras, Miss España 1965.

A partir del segundo día, la mayor parte de los desfiles de la Mercedes-Benz Fashion Week regresaron a su lugar habitual: el Pabellón 14.1 de Ifema de la mano del diseñador Ulises Mérida, que abrió la primera jornada. Algunas excepciones fueron el desfile de la diseñadora María Ke Fisherman, que escogió el enclave de la Casa de Campo y su Parque de Atracciones para presentar sus creaciones. Mientras en pleno centro madrileño, a pocos metros de Lavapiés, desfilaban los diseños de Pepa Salazar en un lugar inédito: el Mercado de Antón Martín. Convertido en pasarela exhibió vestidos que se fusionaban en blanco y negro, escotes asimétricos, bajos de faldas irregulares, costuras reconstruidas y patrones experimentales.

 

Desfiles destacados, diseñadores esenciales

 

Hablar de Ágatha Ruiz de la Prada es citar a un clásico de la pasarela madrileña. Nerviosa antes del comienzo, emocionada después, su desfile comenzó fiel al más puro estilo agathista también en el escenario y música del show. Una pasarela con fondo multicolor decorada con un panel lleno de flotadores daba paso a una colección que homenajea a uno de los creadores más revolucionarios: Cristóbal Balenciaga. Pliegues inesperados, colas kilométricas que se despliegan de un cilindro, vestidos esfera rematados con un corazón -detalle imprescindible en sus creaciones- formas flotador que se tiñen de vivas tonalidades combinadas entre sí y para continuar estampados de rayas y lunares. En el front row, sus hijos Cósima y Tristán Ramírez y para terminar el Resistiré del Dúo Dinámico y Alaska con mensaje subliminal incluido.

En contraposición Devota & Lomba optó por el blanco arquitectónico en su colección Hipnótica, donde la arquitectura de la moda, así se identifican como firma, es su «ADN principal, su forma de construir», confesó Modesto Lomba, fundador de Devota & Lomba y presidente de la Asociación de Creadores de Moda de España (ACME). A golpe de Numb de Andy Scott, looks donde el color se queda en segundo plano para dejar paso a las texturas, estructuras y materiales. Pureza en sus colecciones premium, que suben a la pasarela para convertirse en «un escaparate de joyas», añadía en el backstage. Vestidos trapecio, cuerpos de papiroflexia, pantalones palazzo, flores en relieve cosidas sobre las piezas, patrones con formas XXL y redondeadas, ante una Lindsay Lohan sentada en primera fila, fascinada con las siluetas orientales de linos, sedas y algodones que trasladan a un entorno de irrealidad.

Más «predicador» fue el desfile de Ana Locking. Una metáfora que proviene de lo religioso para acabar en lo político. La necesidad de fe actual que lleva a creer mensajes que reconforten a pesar de las mentiras que contienen, ha inspirado a la diseñadora. «Políticos que, como Trump, llegan a ser presidentes con sus bombas mediáticas. Por eso estaba en la pasarela», apostillaba Ana Locking. La colección Preachers & Believers no dejó indiferente a nadie. Un busto gigante de Donald Trump medio destruido decoraba la pasarela, donde desfilaban modelos solemnes, con sastrería en azules, blancos y oros, en el caso de los preachers. Para los believers una estética mucho más naif: colores más vibrantes, rosas, amarillos, verdes, plata y metalizados. Dos estilos bien diferenciados en sus 45 siluetas. Faldas asimétricas, chaquetas con marcadas solapas y bermudas con delantal frontal desfilaban al compás de Personal Jesus de Depeche Mode. Para finalizar una gran ovación la que, con frecuencia, recibe cuando concluyen sus desfiles en la Fashion Week Madrid.

Elegancia. Misterio. Otro de los más aplaudidos, pese a celebrarse a última hora de las maratonianas jornadas en Ifema, fue el desfile de Malne. «La paloma ni se ha movido, no temía que volara pero sí que se subiera más arriba», confesaba entre bastidores al término del desfile Juanjo Mánez, uno de los diseñadores que junto a Paloma Álvarez, forman la firma Malne. El equipo celebraba la espectacular puesta en escena en la pasarela. Una de las modelos portaba una paloma que más tarde acompañó a ambos diseñadores cuando salieron a saludar. Tomando como hilo conductor la mujer de El Renacimiento de Venus, nombre de su colección, «indagamos cómo hubiera pintado Botticelli a la mujer del siglo XXI», explicaban. Vestidos, túnicas florales con estampados y bordados pero también un guiño a los años 70, cuyo ADN hippie y psicodélico ilumina esta colección con una espiritualidad representada en vaporosos vestidos blancos de flores y espigas.

Con Custo Barcelona, ante una concurrida sala Bertha Benz con Lindsay Lohan, de nuevo en el front row, el sport deluxe llegaba a la pasarela madrileña a través de la colección Call me tomorrow, procedente de Nueva York. «La presentamos la semana pasada allí. Es nuestro desfile más largo, 80 en total y se han renovado 14 looks», señalaba el equipo antes del desfile en el backstage. Sobre la pasarela, combinación de tejidos y materiales tecnológicos con artesanales, colores gráficos y la introducción de sneakers como novedad. Su pretensión sigue siendo «renovar su lenguaje y avanzar en la experimentación» tomando como hilo conductor el brillo, presente en muchos de sus looks, salpicados de aplausos a ambos lados del Atlántico.

 

Últimos desfiles de la MBFWM

 

Acercándonos ya a las últimas jornadas, la línea que separa la realidad del Deseo, nombre de la colección de Duyos, fue el hilo conductor de un desfile que clama por «vivir el presente y no aplazar tus cosas», en palabras del diseñador. Siluetas de tonos degradados, tejidos fluidos muy elaborados, artesanales, bordados en forma de trenzas, cuadros escoceses, flores, tules sofisticados, glitter… luz. Todos ellos en una paleta cromática optimista de amarillos luminosos, fucsias apasionados y verdes vitales. «Quería que cada look fuese muy elaborado para que tuviera ese punto de deseo. Es una colección de sensaciones más que de conceptos. Quería veros disfrutar y que ese momento fuese mágico», añadía al término del desfile. Las transparencias han sido una parte fundamental de la propuesta compuesta por diseños delicados y atemporales.

En la misma línea clásica, Hannibal Laguna presentó la colección Hannibalísimo, homenaje a los 30 años de la firma con diseños de satén y detalles florales, «que han destacado durante toda mi carrera», explicaba en el backstage a pocos minutos de comenzar el desfile, al mismo tiempo que definía su colección como «sensual, romántica y muy femenina». En su propuesta dividida en tres partes: Nacimiento, Adolescencia y Madurez, ha recurrido a las transparencias y los tejidos ligeros para destacar la silueta femenina y dar movimiento a vaporosos vestidos de noche. Los cuerpos con cristales piedras o perlas bordadas han compartido protagonismo con los estampados florales.

Además, la Semana de la Moda de Madrid presentó las propuestas de los diseñadores y firmas: Desigual, Ecoembes, Andrés Sardá, Francis Montesinos, Dolores Cortés, Ion Fiz, Angel Schlesser, Isabel Núñez, García Madrid, Ailanto, Roberto Torretta, Menchén Tomás, Pepa Salazar, María Escoté, Juan Vidal, Teresa Helbig, Alvarno y Jorge Vázquez, entre otros. Seis jornadas de Fashion Week Madrid dan para mucho. Auténticos maratones en Ifema y fuera del recinto. Nervios de los diseñadores. Preparativos de su equipo. Deseo de que todo salga perfecto. Un montaje elaborado cuya misión es dar luz verde a las últimas creaciones de la temporada primavera/verano 2018 de las colecciones prêt-à-porter. La pasarela madrileña terminaba con el Premio L’Oréal Paris a la mejor colección de la semana para Juan Vidal y como mejor modelo Aya Gueye, de origen senegalés, y tercera modelo de color en recibir el galardón en la historia de la Fashion Week Madrid. La emblemática diseñadora Sybilla regresaba para cerrar la MBFWM en el Club Matador con su performance Carta Blanca a Sybilla.